La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown Era un hombre robusto y rubio, en mangas de camisa; sus movimientos eran resueltos, su boca firme y su tono rotundo; pero sus infantiles ojos azules tenían un aspecto ausente, incluso melancólico, que parecía contradecir todo lo anterior. En general, la impresión que daba era engañosa. Se puede decir de él, como de la mayoría de los periodistas con autoridad, que su emoción más familiar era la del miedo continuo, miedo a las difamaciones, miedo a los anuncios perdidos, miedo a las erratas, miedo al despido.
Su vida no consistía más que en una serie de aturullados compromisos entre el propietario del periódico (y también su propietario), que era un botarate senil con tres errores inextirpables en su mente, y el competente equipo que había reunido, en el cual había algunos miembros brillantes, expertos y, lo que es peor, entusiastas sinceros de la política del periódico.
