La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –Parece un tipo agradable -resalté yo.
–No -replicó con simpleza el doctor Mull-, y a esto me referÃa cuando les dije que, después de todo, eran injustos. Caballeros, el duque siente realmente la amargura de la maldición que nos acaba de revelar. Bajo esa peluca morada esconde, con sincera vergüenza y terror, algo que asombrarÃa a los hijos de los hombres si lo pudieran ver. Se que es asÃ. Se que no es una deformidad natural, como la mutilación de un criminal, o una desproporción hereditaria en sus rasgos. Se que es algo peor, pues un hombre me dijo que presenció una escena que no se puede inventar, en la que un hombre más fuerte que cualquiera de nosotros intentó desvelar el secreto y quedó aterrorizado.
Yo abrà la boca para hablar, pero Mull continuó sin prestarme atención, hablando desde la caverna que formaban sus manos.
–No me importa decÃrselo, padre, pues lo digo más en defensa del pobre duque que en su perjuicio. ¿No ha oÃdo hablar de la vez en que estuvo a punto de perder todas sus propiedades?.