La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown El agua parecía extenderse y dividirse, quedando hendida por una isla con la oscura forma de un pez y profusamente arbolada. A la velocidad con que se desplazaban, la isla parecía nadar hacia ellos como una nave, una nave con una proa muy elevada o, para hablar con más exactitud, con una chimenea de gran altura, pues en la zona más próxima a ellos se encontraba un edificio de aspecto extraño, en el que no había nada que pudiese recordar algún propósito. No era especialmente elevado, pero si demasiado alto para su anchura, por lo que se podía denominar una torre. Parecía construido de madera, aunque de un modo excéntrico y desigual. Muchas de las tablas eran de buena madera de roble, que en parte había sido cortada recientemente y con tosquedad; otra era de pino blanco, y había algunas tablas de la misma proveniencia pero que estaban embreadas de negro. Esas tablas negras estaban colocadas de un modo torcido o cruzándose en todo tipo de ángulos, proporcionando al edificio un aspecto parcheado o como si fuese un rompecabezas. Había un par de ventanas, que parecían haber sido construidas y coloreadas con un estilo ya anticuado aunque más elaborado. Los viajeros contemplaban la construcción con ese sentimiento paradójico que tenemos cuando algo nos recuerda otra cosa y de repente tenemos la certeza de que es completamente diferente.