La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –¿Entonces no cree que haya algo de cierto en los relatos acerca de la torre en llamas?.
–Están los relatos, por supuesto -dijo el almirante encogiéndose de hombros-, y algunos de ellos, no lo niego, con una evidencia más decente de lo que uno puede esperar en ese tipo de cosas. Alguien vio un trueno cerca de aquÃ, cuando atravesaba el bosque; alguien guardaba las ovejas en las montañas y pensó que la torre de los Pendragon estaba en llamas. Bueno, en un lugar tan húmedo como esta detestable isla en lo último que se puede pensar es en un fuego.
–¿Y aquel fuego de allÃ? – preguntó el padre Brown con una cortesÃa precipitada, señalando hacia el bosque en la ribera izquierda del rÃo.
Todos perdieron un poco el equilibrio y Fanshaw, el más imaginativo, tardó bastante en recuperar el suyo, mientras veÃan una columna de humo ascendiendo silenciosamente hacia la luz crepuscular.
Pero Pendragon volvió a soltar una carcajada.
–¡Son gitanos! – dijo-. Acampan en las cercanÃas desde hace una semana. Caballeros, me imagino que querrán cenar.