La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown El comedor era tan náutico como un camarote, pero correspondÃa más al moderno capitán que al isabelino. HabÃa, ciertamente, tres machetes antiguos sobre la chimenea y un mapa del siglo XVII con dragones y navÃos en el proceloso mar. Pero esos objetos destacaban poco en comparación con algunas abigarradas aves suramericanas, representadas con intenciones cientÃficas, a lo que se añadÃan fantásticas caracolas del PacÃfico y algunos instrumentos tan primitivos en la forma que algunos salvajes los podrÃan haber utilizado para matar a sus enemigos o para cocinarlos. Pero el colorido llegaba a su punto culminante con el hecho de que, además del mayordomo, el almirante tenÃa otros dos criados que eran negros, embutidos en unos uniformes amarillos. La tendencia instintiva del sacerdote a analizar sus propias impresiones le dijo que el color y las estrechas chaquetillas de esos bÃpedos sugerÃan la palabra «canario», y asÃ, con un simple juego de palabras, se los conectaba con viajes por el sur. Hacia el final de la cena, sacaron de la habitación sus ropas amarillas y sus negros rostros, dejando sólo las ropas negras y el rostro amarillo del mayordomo.