La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown –Este asunto es completamente natural. No hay ninguna maldición.
El padre Brown sonrió.
–En ese caso -dijo-, no opondrá ninguna objeción a que duerma en su deliciosa casa de verano.
–Esa idea es extremadamente ridícula -replicó el Almirante, tamborileando con los dedos en la parte posterior de su silla.
–Por favor, perdóneme -dijo Brown con su tono más compasivo, derramando otra vez el vino-, pero me parece que no está tan tranquilo acerca de esa torre en llamas como quiere aparentar.
El almirante Pendragon volvió a sentarse tan abruptamente como se había levantado, pero se quedó en silencio, y cuando habló, lo hizo en voz baja:
–Lo hará bajo su propia responsabilidad -dijo-, pero ¿no se volvería usted un ateo para guardar la cordura en todo este pandemónium?.