La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Unas tres horas después, Fanshaw, Flambeau y el sacerdote se internaban en la oscuridad del jardÃn, y los otros dos comenzaron a comprender que el padre Brown no tenÃa la intención de acostarse ni en la torre ni en la casa.
–Creo que el césped necesita que lo corten -dijo con voz soñadora-, si encuentro una escarda lo haré yo mismo.
Lo siguieron riendo y con algunas protestas, pero él respondió con solemnidad, explicándoles con un pequeño sermón exasperante que uno siempre puede encontrar alguna pequeña ocupación que sea más útil a los demás. No encontraron ninguna escarda, pero si una vieja escoba hecha de ramas, con la que empezó a barrer con energÃa las hojas caÃdas.
–Siempre hay algo que hacer -dijo con necia alegrÃa-, como dijo George Herbert: «Quien barre el jardÃn de un Almirante en Cornualles, hace algo por la ley».
Y poco después añadió, arrojando repentinamente la escoba:
–Vamos a regar las flores.