La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Con la misma confusión de emociones observaron a una distancia prudencial cómo desenrollaba la manguera, diciendo con un aire de nostálgica discriminación:
–Los tulipanes rojos antes que los amarillos, creo. Parecen algo secos, ¿verdad?.
Giró la boca de la manguera y el agua salió como disparada como un sólido y largo cable de acero.
–Tenga cuidado, Sansón -exclamó Flambeau-, acaba de cortarle la cabeza al tulipán.
El padre Brown permaneció arrepentido contemplando la planta decapitada.
–En vez de regar, me parece que estoy sembrando el pánico entre las plantas -admitió, rascándose la cabeza-. Supongo que es una lástima que no haya encontrado la escarda. ¡TendrÃan que haberme visto con esa herramienta!. Hablando de herramientas, Flambeau, ¿tiene el bastón estoque que siempre lleva consigo?. Asà está bien. Y Sir Cecil podrÃa llevar la espada que el Almirante arrojó cerca del seto. ¡Qué gris parece todo!.
–Se está elevando la niebla sobre el rÃo -dijo Flambeau mirándola fijamente.