La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Casi en el mismo instante en que habló, apareció la figura del peludo jardinero en una loma de césped y les gritó con un rastrillo en la mano y voz terrible:
–¡Deje esa manguera, déjela y váyase…!.
–¡Oh, lo siento mucho! – replicó el reverendo con voz débil-, ¿sabe?. He derramado algo de vino en la cena.
Hizo un gesto ondeante de disculpa hacia el jardinero con la manguera aún en la mano, y roció su rostro con un buen chorro de agua frÃa que hizo el mismo efecto que una bala de cañón. Se tambaleó y cayó con las botas por el aire.
–¡Qué horror! – dijo el padre Brown, mirando a su alrededor con cara de sorpresa-. ¡He golpeado a un hombre!.
Permaneció un momento con la cabeza inclinada hacia adelante, como si escuchara, y luego emprendió un trote hacia la torre, llevando consigo la manguera. La torre estaba cerca, pero su silueta aparecÃa curiosamente indistinta.