La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –Ya lo tengo -dijo finalmente-. Es japonés, como una de esas pinturas japonesas de moda, en las que la nieve sobre la montaña parece azúcar y el dorado de las pagodas parece pan de jengibre. Se parece a un pequeño templo pagano.
–Si -dijo el padre Brown-, echemos un vistazo al dios.
Y con una agilidad inesperada se subió a la plataforma.
–Muy bien -dijo Flambeau riendo.
Un instante después, su enorme figura también se pudo ver sobre la elevación.
Aunque la diferencia de altura no era mucha, en ese tipo de paisaje permitÃa ver una extensión muy prolongada tanto en tierra como en el mar. Hacia el interior los pequeños jardines invernales formaban un alargado matorral grisáceo, y más allá no se veÃa nada más que las llanuras de East Anglia. En el mar no habÃa velas ni signos de vida, salvo algunas gaviotas, e incluso ellas parecÃan copos de nieve tardÃos que parecÃan flotar más que volar.