La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown Flambeau se volvió bruscamente al oÃr una exclamación detrás de él. ParecÃa proceder de un lugar más bajo de lo esperado y haberse dirigido a sus talones más que a su cabeza. Al instante levantó la mano pero apenas pudo contener una carcajada ante lo que vio. Por alguna razón, la plataforma habÃa cedido bajo el padre Brown y el infortunado hombrecillo habÃa caÃdo al nivel del paseo. Era lo suficientemente alto, o bajo, según se mire, para que su cabeza sobresaliese por el agujero en la madera rota con el aspecto de la cabeza de San Juan Bautista en la bandeja. El rostro presentaba una expresión desconcertada, la misma que probablemente habrÃa mostrado el de San Juan Bautista.
De repente comenzó a reÃrse.
–Esta madera debe de estar podrida -dijo Flambeau-, aunque parece extraño que me sostenga a mi. Ha debido de pisar la parte más débil. Le ayudaré a salir.
Pero el pequeño sacerdote miraba con curiosidad los bordes y esquinas de la madera supuestamente podrida y una sombra de confusión cruzó por su rostro.
–Venga -exclamó con impaciencia Flambeau, aún extendiendo su gran mano bronceada-. ¿No quiere salir?.