La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown El sacerdote mantenÃa entre sus dedos una astilla de la madera rota y no contestó inmediatamente. Al final dijo pensativo:
–¿Querer salir?. No, más bien quiero entrar.
Y desapareció en la oscuridad bajo el suelo de madera con tal rapidez que su gran sombrero sacerdotal salió despedido y quedó arriba sin ninguna cabeza clerical en su interior.
Flambeau volvió a mirar hacia tierra y hacia el mar y una vez más no pudo ver nada salvo un mar invernal como la nieve y nieve tan plana como el mar.
Detrás de él sonó un ruido repentino y el pequeño sacerdote salió trepando del agujero con más rapidez que con la que habÃa caÃdo en él. Su rostro ya no mostraba desconcierto alguno, sino resolución, y, quizá sólo por los reflejos de la nieve, una palidez inusual.
–¿Y bien? – preguntó su amigo-. ¿Ha logrado encontrar al dios del templo?.
–No -contestó el padre Brown-. He encontrado algo que a veces resultaba más importante: el sacrificio.