La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown No obstante, justo enfrente de uno de los extremos del banco de hierro habÃa una pequeña mesa de restaurante redonda y sobre ella se podÃa ver una pequeña botella de Chablis y un plato con almendras y pasas. Detrás de la mesa y en el banco se sentaba un joven de cabello oscuro, con la cabeza descubierta y contemplando el mar en un estado de inmovilidad asombrosa.
Aunque a cuatro yardas de distancia les habÃa parecido un muñeco de cera, cuando llegaron a tres, saltó como impelido por un resorte y dijo con una cortesÃa deferente y no carente de dignidad:
–¿Quieren entrar, caballeros?. Ahora mismo no tengo personal, pero yo mismo les puedo servir algo.
–Encantado -dijo Flambeau-. ¿Es usted el propietario?.
–Si -dijo el hombre de cabello oscuro inclinándose ligeramente y perdiendo algo de su inmovilidad-. Todos mis camareros son italianos, y pensé que podrÃan ver cómo su compatriota acaba con el negro, si realmente puede hacerlo. Ya sabrán que el gran combate entre Malvoli y Nigger Ned se va a celebrar después de todo.