La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –Me temo que no podemos poner a prueba su hospitalidad -dijo el padre Brown-, pero seguro que mi amigo se alegrarÃa si le sirviera una copa de jerez, asà se quitará el frÃo y brindará por el campeón latino.
Flambeau no comprendió lo del jerez, pero no presentó ninguna objeción. Se limitó a decir amablemente:
–¡Oh, muchas gracias!.
–Jerez, si, cómo no -dijo el anfitrión, dirigiéndose hacia la puerta del hotel-. Discúlpenme si les hago esperar unos minutos. Como les dije, no tengo personal.
Y se fue hacia las ventanas negras de su oscura y cerrada posada.
–¡Oh!, no se preocupe -comenzó Flambeau, pero el hombre regresó para afirmar su propósito.
–Tengo las llaves -dijo-, puedo encontrar el camino en la oscuridad.
–No quise… -comenzó el padre Brown.