La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown Ese desgraciado filósofo había consentido, en un momento de aturdimiento, en recibir al entrevistador y lo había citado a las nueve de la noche. La última luz crepuscular se cernía sobre Cummor y las colinas boscosas; el romántico yanqui dudaba del camino y no identificaba los alrededores. Viendo que la puerta de una genuina posada feudal, «The Champion Arms», estaba abierta, entró para preguntar.
Tocó el timbre en la recepción y tuvo que esperar un tiempo hasta que alguien acudió. La única persona presente era un hombre delgado, pelirrojo, con ropa informal y de aspecto algo rudo, que estaba bebiendo un whisky muy malo, pero fumando un cigarro muy bueno. El whisky, desde luego, debía de ser de la casa, el cigarro era probable que se lo hubiese traído de Londres. Nada podía ser más diferente que la cínica y pulcra sequedad del joven americano, pero algo en su pluma y en su cuaderno de notas abierto, y quizá en la expresión alerta de sus ojos azules, le dijo correctamente que estaba ante un compañero periodista.
–¿Puede hacerme un favor? – preguntó Kidd con la cortesía de su nación-. Quizá pueda decirme dónde está Grey Cottage, la casa donde vive Mr. Boulnois.