La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown En cuanto terminó de hablar, los bandoleros salieron corriendo de los setos en plena retirada. Se introdujeron en la hierba y entre los arbustos como un grupo derrotado y perseguido, mientras los sombreros de gallo de la gendarmerÃa pasaban por encima de los setos. Se oyó otra orden y se les vio como desmontaban. Un oficial alto, con un sombrero espectacular y una perilla gris, apareció en la supuesta entrada del ParaÃso de los Ladrones con un papel en la mano. Se produjo un silencio momentáneo, roto de un modo extraordinario por el banquero, que gritó con una voz estrangulada:
–¡Me han robado!. ¡Me han robado!.
–Pero si fue hace horas cuando te robaron las dos mil libras -exclamó su hijo asombrado.
–No, no las dos mil libras -dijo el financiero con una terrible y repentina tranquilidad-, sino un pequeño frasco.
El policÃa con la perilla gris atravesó la pradera. Al encontrarse con el Rey de los Ladrones, le dio unas palmadas en el hombro entre cariñosas y vigorosas y lo empujó echándole a un lado.