Cien años de soledad
Cien años de soledad Mientras tanto, Úrsula, en su ceguera y vejez extrema, se convertÃa en el eje silencioso de la familia. Aunque invisible para la mayorÃa, su presencia seguÃa siendo una fuerza implacable. Un dÃa, cuando escuchó a Aureliano Segundo discutir con Fernanda sobre la herencia y el futuro de la casa, intervino con una claridad que cortó el aire. —Nada de esto tiene importancia. No somos dueños de nada, ni de esta casa, ni de nuestras vidas. Todo esto desaparecerá como las lluvias que se llevan el polvo.
La tragedia de los BuendÃa no se detenÃa. Las lluvias incesantes inundaron los campos, matando el ganado y dejando a la familia al borde de la miseria. La opulencia que Aureliano Segundo habÃa disfrutado se transformó en una lucha diaria por sobrevivir. Desesperado, decidió restaurar la casa y las tierras, pero cada esfuerzo parecÃa inútil.
—Es como si el mundo nos hubiera dado la espalda —le dijo a Petra una noche, mientras ambos miraban el cielo negro, sin estrellas. —Tal vez no sea el mundo —respondió ella, casi en un susurro—. Tal vez somos nosotros quienes no sabemos cómo salir de nuestra propia oscuridad.