Cien años de soledad
Cien años de soledad Mientras Aureliano se sumergía en los enigmas de los pergaminos, Macondo vivía su primera gran transformación. Un ejército de hombres armados llegó al pueblo, encabezado por un líder que buscaba imponer nuevas leyes. Aureliano, que hasta entonces había vivido al margen del caos del mundo, sintió por primera vez el peso de su propia voz.
—Esos hombres destruirán todo lo que hemos construido —dijo a su madre una noche, mientras el sonido de los tambores militares invadía el aire. —Entonces lucha —respondió Úrsula, con una firmeza que congeló el momento.
Así comenzó la transformación de Aureliano en el coronel Aureliano Buendía, un hombre que llevaría el peso de la guerra y de la familia sobre sus hombros. Pero antes de partir, el amor lo encontró en la forma de Remedios Moscote, una joven de ojos inocentes y una risa que iluminaba los rincones oscuros de su alma.
—Remedios, prométeme que me esperarás —le dijo el coronel, un día antes de marchar al frente. —Te esperaré aunque el mundo deje de girar —respondió ella, con una convicción que sólo el amor podía sostener.