La soledad
La soledad Ahà nace una identidad menos apoyada en el afuera, más frágil, pero también más verdadera. Porque ya no depende exclusivamente de la presencia del Otro para sostenerse.
El tiempo no transcurre igual para todos. No es una lÃnea recta ni un reloj exacto. Es una vivencia que se estira, se detiene o se acelera según el estado del alma. En la soledad, ese tiempo se percibe con una intensidad distinta. Puede volverse pesado, interminable, o puede abrir espacios de profundidad que no existen cuando se vive en lo externo.
Hay momentos en los que cinco minutos de silencio pueden doler más que horas de conversación. Y también instantes solitarios que contienen revelaciones imposibles de hallar en la agitación cotidiana. Es en ese tiempo alterado donde aparece el pensamiento más verdadero, el deseo más silenciado, la herida más antigua.
En el duelo, el tiempo se rompe. El pasado invade el presente, y el futuro pierde forma. Cada recuerdo trae un reloj distinto. En la espera, en la ausencia, el tiempo no se mide en segundos, sino en intensidades.