La soledad
La soledad El Yo no nace completo. Se va formando a partir de las miradas, las palabras, los gestos del Otro. Al principio, la identidad depende de ese reflejo externo que nombra, sostiene y da sentido. Pero cuando ese Otro falta, cuando se ausenta o se pierde, el Yo queda suspendido en una falla. Algo de lo que se era deja de existir, porque ya no hay quien lo confirme.
La ausencia del Otro confronta con una pregunta brutal: ¿quién soy cuando nadie me mira? Allà aparece una soledad distinta, más estructural, más profunda. No es la soledad del cuerpo ausente, sino la del sentido que se desarma. El sujeto queda obligado a reconstruirse con los restos de las palabras que alguna vez lo nombraron.
Buscar desesperadamente nuevos otros para rellenar ese vacÃo muchas veces termina en vÃnculos dependientes, frágiles, sostenidos por el miedo al abandono. Pero cuando se soporta la caÃda, cuando se acepta ese tiempo sin espejo, el Yo puede comenzar a delinearse desde un lugar más propio. No desde lo que esperan, no desde lo que se exige, sino desde lo que, aun en soledad, insiste en existir.