Doña Rosita la soltera
Doña Rosita la soltera empañe el muro del viento,
cuando el verano violento
ponga el llano carmesí
y la escarcha deje en mí
alfileres de lucero,
te digo, porque te quiero,
que me moriré por ti.
ROSITA.—
Yo ansío verte llegar
una tarde por Granada
con toda la luz salada
por la nostalgia del mar;
amarillo limonar,
jazminero desangrado,
por las piedras enredado
impedirán tu camino,
y nardos en remolino
pondrán loco mi tejado,
¿Volverás?
PRIMO.—Sí. ¡Volveré!
ROSITA.—
¿Qué paloma iluminada
me anunciará tu llegada?
PRIMO.—El palomo de mi fe.
ROSITA.—
Mira que yo bordaré
sábanas para los dos.