Doña Rosita la soltera
Doña Rosita la soltera ROSITA.—Pero él vendrá pronto. ¡Esto es una prueba más de lo que me quiere!
AMA.—¡Eso! ¡Que venga y que te coja del brazo y que menee el azúcar de tu café y lo pruebe a ver si quema. (Risas.)
(Aparece el TÍO con una rosa.)
ROSITA.—¡Tío!
TÍO.—Lo he oído todo, y casi sin darme cuenta he cortado la única rosa mudable que tenía en mi invernadero. Todavía estaba roja, abierta en el mediodía, es roja como el coral.
ROSITA.—
El sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.
TÍO.—Si hubiera tardado dos horas más en cortarla te la hubiese dado blanca.
ROSITA.—
Blanca como la paloma
como la risa del mar;
blanca como el blanco frío
de una mejilla de sal.
TÍO.—Pero todavía, todavía tiene la brasa de su juventud.
TÍA.—Bebe conmigo una copita, hombre. Hoy es día de que lo hagas.