La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa ZAPATERA:
(Agria.) ¿Y por qué, lástima?
MOZO:
Una mujer como usted, con ese pelo y esa pechera tan hermosísima…
ZAPATERA:
(Más agria.) Pero, ¿por qué lástima?
MOZO:
Porque usted es digna de estar pintada en las tarjetas postales y no aquí… este portalillo.
ZAPATERA:
¿Sí?… A mí las tarjetas postales me gustan mucho, sobre todo las de novios que se van de viaje…
MOZO:
¡Ay, zapaterita, qué calentura tengo! (Siguen hablando.)
ZAPATERO:
(Entrando y retrocediendo.) ¡Con todo el mundo y a estas horas! ¡Qué dirán los que vengan al rosario de la iglesia! ¡Qué dirán en el casino! ¡Me estarán poniendo!… En cada casa, un traje con ropa interior y todo. (Zapatera ríe.) ¡Ay, Dios mío! ¡Tengo razón para marcharme! Quisiera oír a la mujer del sacristán; pues ¿y los curas? ¿Qué dirán los curas? Eso será lo que habrá que oír. (Entra desesperado.)
MOZO: