La zapatera prodigiosa

La zapatera prodigiosa

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ZAPATERA:

Cuánta cosa, don Mirlo; a mí me parecía imposible que los pajarracos hablaran. Pero si anda por ahí revoloteando un mirlo negro, negro y viejo… sepa que yo no puedo oírle cantar hasta más tarde… pin, pío, pío, pío.

MIRLO:

Cuando las sombras crepusculares invadan con sus tenues velos el mundo y la vía pública se halle libre de transeuntes, volveré. (Toma rapé y estornuda sobre el cuello de la Zapatera.)

ZAPATERA:

(Volviéndose airada y pegando a don Mirlo, que tiembla.) ¡Aaaa! (Con cara de asco:) ¡Y aunque no vuelvas, indecente! Mirlo de alambre, garabato de candil… Corre, corre… ¿Se habrá visto? ¡Mira que estornudar! ¡Vaya mucho con Dios! ¡Qué asco!

ESCENA XI

En la ventana se para el Mozo de la Faja. Tiene el sombrero plano echado a la cara y da pruebas de gran pesadumbre.

MOZO:

¿Se toma el fresco, zapaterita?

ZAPATERA:

Exactamente igual que usted.

MOZO:

Y siempre sola… ¡Qué lástima!


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