La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa ALCALDE:
Mira, ya te estás callando. Si tu marido te ha dejado ha sido porque no lo querías, porque no podía ser.
ZAPATERA:
¿Pero lo van a saber ustedes mejor que yo? Sí, lo quería, vaya si lo quería, que pretendientes buenos y muy riquísimos he tenido y no les he dado el sí jamás. ¡Ay, pobrecito mío, qué cosas te habrán contado!
SACRISTANA:
(Entrando.) Mujer, repórtate.
ZAPATERA:
No me resigno. No me resigno. ¡Ay, ay! (Por la puerta empiezan a entrar Vecinas vestidas con colores violentos y que llevan grandes vasos de refrescos. Giran, corren, entran y salen alrededor de la Zapatera que está sentada gritando, con la prontitud y ritmo de baile. Las grandes faldas se abren a las vueltas que dan. Todos adoptan una actitud cómica de pena.)
VECINA AMARILLA:
Un refresco.
VECINA ROJA:
Un refresquito.
VECINA VERDE:
Para la sangre.
VECINA NEGRA:
De limón.