La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa el paño de tus vestidos
y esas chambras de batista
con encajes de bolillos.
Ya la corteja el Alcalde,
ya la corteja don Mirlo.
¡Zapatera, Zapatera,
Zapatera, te has lucido!
(Las voces se van distinguiendo cerca y claras con su acompañamiento de panderos. La Zapatera coge un mantoncillo de Manila y se lo echa sobre los hombros.)
¿Dónde vas? (Asustado.)
ZAPATERA:
¡Van a dar lugar a que compre un revólver! (El canto se aleja. La Zapatera corre a la puerta. Pero tropieza con el Alcalde que viene majestuoso, dando golpes con la vara en el suelo.)
ALCALDE:
¿Quién despacha?
ZAPATERA:
¡El demonio!
ALCALDE:
Pero, ¿qué ocurre?
ZAPATERA: