La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa ZAPATERA:
Lo comido por lo servido.
ZAPATERO:
Muchas gracias. (Triste se carga el cartelón.) Entonces, adiós… para toda la vida, porque a mi edad… (Está conmovido.)
ZAPATERA:
(Reaccionando.) Yo no quisiera despedirme así. Yo soy mucho más alegre. (En voz clara.) Buen hombre, Dios quiera que encuentre usted a su mujer, para que vuelva a vivir con el cuido y la decencia a que estaba acostumbrado. (Está conmovida.)
ZAPATERO:
Igualmente le digo de su esposo. Pero usted ya sabe que el mundo es reducido, ¿qué quiere que le diga si por casualidad me lo encuentro en mis caminatas?
ZAPATERA:
Dígale usted que lo adoro.
ZAPATERO:
(Acercándose.) ¿Y qué más?
ZAPATERA:
Que a pesar de sus cincuenta y tantos años, benditísimos cincuenta años, me resulta más juncal y torerillo que todos los hombres del mundo.
ZAPATERO:
¡Niña, qué primor! ¡Le quiere usted tanto como yo a mi mujer!