Cranford
Cranford —Hubo una gran guerra en la India (no recuerdo cómo la llamaban) y desde entonces no hemos sabido más de él. Temo que haya muerto y me inquieta pensar que jamás hemos llevado luto por él. A veces, a solas conmigo misma, cuando la casa está en silencio, me parece oÃr sus pasos que se acercan por la calle y empieza a latirme con fuerza el corazón; pero las pisadas se alejan y Peter nunca vuelve.
»¿Ha regresado Martha? No, ya voy yo, querida. Estoy acostumbrada a andar a oscuras. Y un poco de aire fresco me sentará bien; ha empezado a dolerme un poco la cabeza.
Salió a tientas y yo encendà la vela para dar un aire más alegre a la estancia cuando volviera.
—¿Era Martha? —pregunté.
—SÃ. Y estoy un poco disgustada porque al abrir la puerta he oÃdo un ruido extraño.
—¿Dónde? —pregunté al ver que se le salÃan los ojos de las órbitas.
—En la calle. Al otro lado de la puerta. Era como si estuvieran…
—¿Hablando? —intervine, viendo que titubeaba.
—¡No! Besándose.