Cranford
Cranford Así pues, todas empezaron a visitar a la señora Fitz-Adam; todas excepto la señora Jamieson, que exteriorizaba su honorabilidad no mirando nunca a la señora Fitz-Adam cuando coincidían en alguna de las reuniones de Cranford. No solía haber más de ocho o diez damas en la sala, y la señora Fitz-Adam era la más alta de todas y siempre se levantaba cuando entraba la señora Jamieson y le hacía una profunda reverencia cada vez que esta se volvía en su dirección, tan profunda, efectivamente, que creo que la señora Jamieson había de mirar la pared que quedaba encima de ella, pues no se le movía ni un músculo de la cara, como si no la hubiera visto. Sin embargo, la señora Fitz-Adam perseveraba.