Cranford
Cranford —¡Hace tanto tiempo! —se lamentó—. Cielo santo, ¡qué necia soy! No creo que la viese más de un par de veces. Recuerdo que a sir Peter le llamábamos asÃ, «sir Peter», pero él venÃa a visitarnos mucho más a menudo que lady Arley. Deborah lo habrÃa sabido al instante. «Milady», «su señorÃa». Suena muy extraño, como si no fuera natural. Nunca se me habÃa ocurrido pensarlo, pero ahora que lo menciona, estoy desconcertada.
Estaba claro que la señorita Pole no obtendrÃa ninguna sabia decisión de la señorita Matty, que se aturdÃa por momentos y cada vez estaba más indecisa acerca del tratamiento que mandaba la etiqueta.
—Tal vez será mejor que vaya a ver a la señora Forrester y le comunique nuestro pequeño problema —dijo la señorita Pole—. A veces se aturde una y no quisiera que lady Glenmire creyera que en Cranford ignoramos las normas sociales de la aristocracia.
—¿Tendrá la bondad de volver aquÃ, señorita Pole, para informarme de lo que han decidido? Lo que usted y la señora Forrester establezcan será lo correcto, estoy segura. Lady Arley, sir Peter… —decÃa la señorita Matty para sà intentando recordar el antiguo tratamiento que utilizaban.
—¿Quién es lady Glenmire? —pregunté.