Cranford
Cranford —Asà es —respondió la señorita Matty—, nos han invitado el martes por la tarde. Quizá le gustarÃa coger su labor y venir a tomar el té con nosotras. Es el dÃa en que suelo pasar revista a las facturas, notas y cartas de la semana anterior y convertirlas en teas. Sin embargo, no me parece razón suficiente para decir que tengo un compromiso previo, aunque tuviera la intención de hacerlo. Pero si ese dÃa nos visita, tranquilizarÃa mi conciencia. Por fortuna aún no está escrita la respuesta.
A medida que la señorita Matty hablaba, cambió el semblante de la señorita Pole.
—Entonces, ¿no tienen la intención de ir? —preguntó.
—No, naturalmente —respondió la señorita Matty serenamente—. Y usted tampoco, supongo.
—No lo sé —replicó la señorita Pole—. SÃ, creo que iré —añadió con energÃa; y al ver la mirada de sorpresa de la señorita Matty, añadió—: No quisiera que la señora Jamieson creyera que lo que ella hace o dice es tan importante como para ofendernos; serÃa como si nos rebajásemos, y eso, a mà personalmente, no me gusta. SerÃa demasiado lisonjero para la señora Jamieson darle motivos para creer que lo que habÃa dicho aún seguÃa afectándonos una semana, no, diez dÃas más tarde.