Cranford
Cranford Asà pues, la señorita Pole habÃa visto al mago, al auténtico, al mago en persona. Se sucedieron un sinfÃn de preguntas. «¿Llevaba barba?». «¿Era joven o viejo?». «¿Rubio o moreno?». «¿ParecÃa…?». Incapaz de dar una forma prudente a mi pregunta, la formulé de otra manera: «¿Qué aspecto tenÃa?». En suma, la señorita Pole fue la heroÃna de la velada gracias al encuentro de la mañana. Si no era la rosa (es decir, el mago), habÃa estado muy cerca[25].
Conjuros, juegos de manos, magia y brujerÃa fueron los temas de conversación de aquella noche. La señorita Pole era un poco escéptica y se inclinaba a pensar que se podÃa encontrar una explicación cientÃfica incluso a los procedimientos de la nigromante de Endor. La señora Forrester lo creÃa todo, desde los fantasmas hasta la carcoma que predice la muerte. La señorita Matty se debatÃa entre las dos, siempre convencida por la última que hablaba. Creo que por naturaleza estaba más de acuerdo con la señora Forrester, pero el deseo de demostrar que era digna hermana de la señorita Jenkyns la mantenÃa en un equilibrio perfecto. La señorita Jenkyns, que jamás permitÃa a las sirvientas que llamasen «mortajas» a las pequeñas acumulaciones de sebo que se formaban alrededor de las velas e insistÃa en que dijeran «rollitos». ¿Supersticiosa una hermana suya? ¡Imposible!