Cranford

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Fue un gesto digno de agradecer el de la señorita Jenkyns, pues un poco antes la había visto muy molesta con la señorita Jessie porque esta afirmó sin reservas (à propos de la lana de Shetland) que un tío suyo, el hermano de su madre, era tendero en Edimburgo. La señorita Jenkyns intentó ahogar tal confesión con un terrible ataque de tos, pues la honorable señora Jamieson estaba sentada a la mesa contigua a la de la señorita Jessie y ¡qué iba a decir o a pensar, si descubría que estaba en la misma sala que la sobrina de un tendero! Pero la señorita Jessie Brown (que no tenía el menor tacto, como convinimos todas a la mañana siguiente) repitió la afirmación y aseguró a la señorita Pole que le podría conseguir exactamente la lana de Shetland que necesitaba «por medio de mi tío, que tiene el mejor surtido de género de Shetland de Edimburgo». Fue entonces cuando, para sacar el mal sabor de boca y el impacto en los oídos que tal declaración nos había producido, la señorita Jenkyns propuso un poco de música; fue, lo repito, un gran gesto por su parte llevar el compás de la canción.

Cuando volvieron a aparecer las bandejas con galletas y vino, a las nueve menos cuarto en punto, la conversación estaba animada: se comparaban jugadas y se hablaba sobre trucos. Pero al poco rato el capitán Brown sacó a relucir un tema de literatura.


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