Cranford
Cranford A pesar del desagradable sobrecogimiento que me causó tal afirmación, no pudo por menos que divertirme la situación de Jenny, que parecía realmente un testigo, interrogada una y otra vez por dos abogados nada escrupulosos acerca de asuntos importantes. Llegué a la conclusión de que Jenny había visto realmente algo que una indigestión no podía provocar. Una mujer vestida completamente de blanco, sin cabeza, era todo lo que declaraba y ratificaba, animada por el convencimiento de la secreta simpatía que despertaba en su ama y bajo la mirada desdeñosa que le dirigía la señorita Pole. Y no sólo ella, sino muchas otras personas, habían visto a la mujer sin cabeza que se sentaba al borde del camino retorciéndose las manos con profundo pesar. La señora Forrester nos miraba de vez en cuando con aspecto triunfante, pero ella no tenía que atravesar Darkness Lane para ir a arrebujarse bajo las mantas de su cama.