Cranford

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Durante la búsqueda de los hechos recordé a menudo la descripción que había hecho mi padre de un comité de damas que una vez tuvo que presidir. Decía que no podía dejar de pensar en un pasaje de Dickens que describía un coro en el que cada integrante entonaba la melodía que conocía mejor y la cantaba a su antojo. De la misma manera, en aquel comité de beneficencia cada dama elegía el tema que ocupaba sus pensamientos y lo exponía a su propia satisfacción, aunque de poco servía para que prosperase el asunto que había originado la reunión. El comportamiento de aquel comité, sin embargo, no era nada comparado con el de las damas de Cranford ante mi intento de obtener una información clara y definitiva acerca del pobre Peter: estatura, aspecto y cuándo y dónde lo habían visto por última vez o habían tenido noticias de él. Recuerdo, por ejemplo, cuando pregunté a la señorita Pole (y mi pregunta me pareció muy oportuna, pues la formulé cuando ambas nos encontrábamos de visita en casa de la señora Forrester y las dos habían conocido a Peter, por lo que se me ocurrió que el recuerdo de una refrescaría la memoria de la otra). Pregunté a la señorita Pole qué era lo último que había oído de él y ella refirió la absurda noticia que ya he mencionado antes de que lo habían elegido Gran Lama del Tíbet. Aquella fue la señal para que cada señora diera rienda suelta a sus propias ideas. La señora Forrester empezó a hablar del velado profeta de Lalla Rookh, al que creo confundió con el Gran Lama, aunque Peter no era tan feo, sino casi diría apuesto, de no ser por las pecas. Le agradecí que se centrase en el tema de Peter, pero al poco se puso a hablar de Rowland’s Kalydor[29] y en general de los beneficios de los cosméticos y los aceites capilares; siguió una perorata tan fluida que me volví a escuchar a la señorita Pole, quien a partir de las llamas, las bestias de carga, había ido a parar a los bonos de estado peruanos y al mercado de valores, expresando su mala opinión sobre los bancos privados en general y en particular de aquel donde estaba invertido el dinero de la señorita Matty. En vano insistí con la pregunta: «¿Cuándo fue? ¿En qué año oyeron que el señorito Peter era el Gran Lama?». Las dos se pusieron a argumentar si las llamas eran o no animales carnívoros, terreno que no dominaban, pues la señora Forrester (más serena tras el acaloramiento de la discusión) reconoció que siempre confundía «carnívoros» y «graminívoros», así como «horizontal» y «perpendicular»; luego se excusó largamente diciendo que en sus tiempos las palabras de cuatro sílabas sólo se utilizaban para enseñar ortografía.


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