Cranford

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—Exactamente —respondió la señorita Pole con la determinación que la caracterizaba—. Yo he dicho lo mismo: «¿Que se casan?», y luego he añadido: «¡Qué ridículo va a hacer milady!». Podía haber exclamado: «¡Qué disparate!», pero me he contenido porque estaba en una tienda cuando he oído la noticia. No sé dónde ha ido a parar la delicadeza femenina. A usted y a mí, señorita Matty, nos habría avergonzado saber que se comentaba nuestra boda en la tienda de comestibles y que podían oírlo los dependientes.

—Un momento —intervino la señorita Matty, suspirando como quien se recupera de un golpe—. Tal vez no sea cierto. Acaso estemos cometiendo una injusticia.

—No —dijo la señorita Pole—. Me he tomado la molestia de cerciorarme. Me he ido derecha a casa de la señora Fitz-Adam para pedirle prestado un libro de cocina que sabía que tenía, y una vez allí le he dado la enhorabuena à propos[30] de lo difícil que debe de resultarle a un caballero el gobierno de una casa. La señora Fitz-Adam ha torcido el gesto y me ha dado la razón, aunque no sabía cómo y dónde podía haberme enterado. Ha dicho que finalmente su hermano y lady Glenmire habían llegado a un acuerdo. ¡«Un acuerdo»! ¡Qué palabra tan vulgar! Aunque bien mirado, milady deberá renunciar a muchos refinamientos. Tengo motivos para creer que el señor Hoggins cena pan y queso con cerveza cada noche.


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