Cranford
Cranford —¡Se casan! —repitió una vez más la señorita Matty—. Bien, nunca se me habrÃa ocurrido. Dos personas que conocemos van a contraer matrimonio. ¡Eso se acerca!
—Se acerca tanto que al oÃrlo me ha dejado de latir el corazón y podÃa haber contado hasta doce —dijo la señorita Pole.
—Quién sabe a quién le tocará el turno después. En Cranford, la pobre lady Glenmire debÃa considerarse segura —se lamentó la señorita Matty con un leve tono compasivo.
—¡Bah! —exclamó la señorita Pole moviendo la cabeza—. ¿No recuerdan a «Tibbie Fowler», de la canción del pobre capitán Brown?
Dejadla en lo alto del Tintock Tap
y el viento llevará a un hombre hasta ella.
—Pero fue porque «Tibbie Fowler» era rica, creo yo.
—HabÃa una atracción en torno a lady Glenmire que a mÃ, personalmente, me habrÃa avergonzado.
Expuse mi asombro.
—¿Cómo es posible que se haya encaprichado del señor Hoggins? En cambio, no me sorprende que este se haya enamorado de ella.
—¡Quién sabe! El señor Hoggins es rico y atractivo —replicó la señorita Matty—. Tiene buen carácter y un corazón muy generoso.