Cranford

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Comenzamos a hablar del nuevo vestido de seda de la señorita Matty y me di cuenta de que era la primera vez en su vida que debía tomar por sí sola una decisión importante; la señorita Jenkyns tenía un carácter más enérgico, aunque su gusto fuera distinto: es sorprendente cómo esas personas arrastran a las demás por la simple fuerza de voluntad. La señorita Matty saboreaba con deleite la próxima visión de las piezas de tela satinada como si los cinco soberanos[33] que había apartado para comprar el vestido le permitieran adquirir todas las sedas de la tienda; al recordar que yo misma había perdido dos horas en una tienda de juguetes tratando de decidir en qué objeto maravilloso gastaría mis tres peniques de plata, me alegré mucho de que fuéramos temprano para que la señorita Matty pudiera recrearse en las delicias de la indecisión.

Si encontraba un verdemar adecuado, verdemar sería el vestido; si no, ella se decantaba por un color maíz y yo por un gris plateado; en el camino y hasta llegar a la tienda discutimos el número de piezas que harían falta. Teníamos que comprar el té, elegir la tela y luego trepar por una escalera de caracol de hierro que conducía hasta lo que en otros tiempos era el desván, aunque ahora servía de sala de exposición de los nuevos modelos.


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