Cranford

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La señorita Pole y la señorita Jessie Brown habían trabado amistad en virtud de su dedicación a la lana de Shetland y a los nuevos puntos de calceta. Así pues, resultó que visitando a la señorita Pole vi más a los Brown que estando en casa de la señorita Jenkyns, quien nunca pudo perdonar al capitán Brown por lo que ella llamaba sus comentarios despreciativos de la literatura ligera y amena del doctor Johnson. Descubrí que la señorita Brown estaba gravemente enferma de una dolencia prolongada e incurable, a cuyo padecimiento se debía su expresión atormentada que yo había tomado por indicio de mal carácter. Aunque enojada estaba también a veces, cuando la irritación nerviosa ocasionada por su enfermedad le resultaba intolerable. En tales ocasiones, la señorita Jessie la soportaba aún más pacientemente que cuando la enferma, invariablemente, se dirigía a sí misma amargos reproches por lo sucedido. La señorita Brown solía acusarse no sólo de su temperamento impetuoso e irascible, sino también de ser la culpable de que su padre y su hermana se vieran obligados a hacer economías a fin de proporcionarle los pequeños lujos necesarios en su situación. De buen grado se habría sacrificado por ellos para aliviar sus preocupaciones y la innata generosidad de su carácter agriaba aún más su temperamento. La señorita Jessie y su padre sobrellevaban la situación con la mayor placidez y con absoluta ternura. Perdoné a la señorita Jessie sus cantos desafinados y su indumentaria infantil cuando la vi en su casa. Me percaté de que la oscura peluca estilo Brutus y la chaqueta acolchada (a menudo, ¡ay!, demasiado raída) que usaba el capitán Brown eran vestigios de la elegancia militar de su juventud, que ahora llevaba inconscientemente. Era un hombre de infinitos recursos adquiridos en su vida de cuartel. Tal como confesaba, nadie más que él era capaz de lustrarle las botas a su gusto; pero sin duda hacía lo posible por aligerar la carga de las tareas cotidianas de la criada, sabiendo, probablemente, que la enfermedad de su hija era difícil de sobrellevar.


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