Cranford
Cranford Trató de hacer las paces con la señorita Jenkyns poco después de la memorable disputa que ya he referido y para ello le regaló un badil de madera para la chimenea (fabricado por él mismo), porque la había oído quejarse de que la molestaba el chirrido que producía la paleta de hierro. Ella recibió el regalo con fría gratitud y le dio las gracias formalmente. Cuando se marchó el capitán, me mandó llevarlo al cuarto trastero considerando, probablemente, que el obsequio de un hombre que anteponía el señor Boz al doctor Johnson en sus preferencias no podía chirriar menos que un badil de hierro.