Cranford
Cranford —No lloro por mÃ, querida —dijo al tiempo que las enjugaba—. Creo que me duele la absurda idea de cuánto se afligirÃa mi madre si pudiera verlo. Ella que siempre se preocupó por nosotros más que por ella misma. Sin embargo, mucha gente pobre tiene menos aún que yo; no soy derrochadora y, a Dios gracias, en cuanto pague el pescuezo de añojo, el sueldo de Martha y el alquiler de la casa, no quedará nada a deber. ¡Pobre Martha! Creo que sentirá mucho tener que dejarme.
La señorita Matty me sonrió entre las lágrimas y de buen grado me hubiera permitido ver sólo la sonrisa, y no el llanto.