Cranford
Cranford Cayó en un dulce ensueño protagonizado por el señor Holbrook. No la interrumpí, ocupada como estaba en madurar un plan que me rondaba por la cabeza desde hacía varios días y que se precipitaba ahora por la amenaza de quiebra del banco. Aquella noche, después de acostarse la señorita Matty, volví a encender la vela alevosamente y me senté en la sala para redactar una carta a Aga Jenkyns; una carta que le conmovería si era Peter y que le parecería una simple enunciación de hechos escuetos si se trataba de un desconocido. Cuando en el reloj de la iglesia dieron las dos, aún no la había concluido.
A la mañana siguiente llegó la noticia, oficial y oficiosa, de que el Town and County Bank había dejado de hacer efectivos los pagos. La señorita Matty estaba arruinada.
Trató de hablarme con serenidad, pero al referir que no tendría más que unos cinco chelines a la semana para vivir, no pudo contener unas lágrimas.