Cranford
Cranford —Bien —dije finalmente.
—Le agradezco que haya empezado por «Bien». Si hubiera comenzado con «Pero», como antes, no la habrÃa escuchado. Ahora ya puede continuar.
—Sé que serÃas una gran pérdida para la señorita Matty, Martha.
—Es lo que yo le he dicho. Una pérdida que lamentarÃa siempre —interrumpió triunfalmente.
—Sin embargo, le quedará tan poco, dispondrá de una cantidad tan Ãnfima para vivir, que no veo cómo podrÃa mantenerte, cuando a ella sola ya le resultará difÃcil. Te lo digo, Martha, porque sé que eres como una amiga para la señorita Matty, aunque ya sabes que tal vez no le guste que se hable de ello.
Al parecer, aquel cuadro era aún mas negro del que le habÃa presentado la señorita Matty, porque Martha se sentó en la primera silla que encontró a mano y se echó a llorar ruidosamente (antes estábamos de pie en la cocina).
Por último dejó caer el delantal y mirándome con seriedad a los ojos preguntó: