Cranford
Cranford Encontré a la señorita Matty callada y triste, pero al poco rato intentó esbozar una sonrisa en mi honor. Decidimos que escribiría a mi padre para pedirle que viniera a asesorarla, y en cuanto terminé la carta comenzamos a hablar de los planes para el futuro. La idea de la señorita Matty era alquilar una habitación, conservar los enseres necesarios para amueblarla y vender todo lo restante, y vivir con lo que le quedara una vez pagado el alquiler. Yo, por mi parte, era más ambiciosa y menos conformista. Pensaba en todas las cosas que una mujer de mediana edad y una educación corriente entre las señoras de hacía cincuenta años podía hacer para ganarse la vida o mejorar su nivel sin descender de categoría social. Finalmente, dejé de lado esta última condición y me limité a pensar qué había en el mundo que pudiera hacer la señorita Matty.