Cranford
Cranford Pasó bastante tiempo hasta que la pude consolar lo suficiente para dejarla; pero al salir de la casa me abordó la señora Fitz-Adam, que también quería hacerme una confidencia, aunque de naturaleza casi opuesta. No le había gustado poner todo lo que podía permitirse y estaba dispuesta a donar. Me dijo que nunca más creía poder mirar a la cara a la señorita Matty si se atrevía a darle la cantidad que habría deseado.