Cranford
Cranford Se sirvió el almuerzo: una sabrosa chuleta de cordero recién hecha y una porción del león frío cortado en lonchas y frito. De este último no quedó ni una migaja, para gran satisfacción de Martha. A continuación, mi padre dijo sin rodeos a la señorita Matty que deseaba hablar a solas conmigo y que saldríamos a dar un paseo por los antiguos parajes, tras el cual yo le comunicaría el plan que juzgábamos más aconsejable. Antes de salir, la señorita Matty me llamó y me dijo: «Recuerda, querida, que yo soy la única que queda. Quiero decir que nadie va a sentirse herido por lo que yo haga. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa, mientras sea honrada y correcta; y no creo que cuando Deborah se entere, allí donde esté, la preocupe mucho que no me comporte como una aristócrata; porque ella lo sabe todo, querida. Sólo necesito saber qué puedo hacer para compensar a esta pobre gente en la medida de lo posible».