Cranford
Cranford El dinero que él pagó y el obtenido de la venta se destinó en parte a la compra del té y en parte fue invertido en previsión de tiempos peores, es decir, vejez o enfermedad. Se trataba de una suma modesta, es verdad, que dio lugar a evasivas y mentiras inocentes (acciones que yo repruebo, en teoría, y que preferiría no poner en práctica), pues éramos conscientes de que la señorita Matty habría dudado de cuál era su deber si sabía que contaba con una pequeña reserva de fondos cuando el banco había dejado tantas deudas impagadas. Asimismo, siempre le habíamos ocultado que sus amigas contribuían a pagar su renta. A mí me habría gustado contárselo, pero aquel misterio confería cierto interés a un acto de generosidad al que las damas se resistían a renunciar. En un principio, Martha tuvo que eludir numerosas preguntas llenas de perplejidad acerca de sus medios de vida para mantener una casa como aquella, pero poco a poco el prudente desasosiego de la señorita Matty se acomodó a la situación existente.