Cranford
Cranford —Es cierto, sÃ. Supongo que nos estamos haciendo viejos, sÃ, pero ¡no creÃa que lo fuéramos tanto! El pelo gris te sienta muy bien, Peter —continuó, temiendo haberlo ofendido al manifestar la impresión que le causaba su aspecto.
—Creo que yo también he olvidado las fechas, Matty. ¿Te figuras lo que te he traÃdo? Tengo un vestido de muselina y un collar de perlas guardados para ti en un rincón del baúl que he dejado en Portsmouth.
Sonrió divertido por lo inadecuados que resultaban los regalos con el aspecto de su hermana, quien de momento no pareció afectada por semejante incongruencia sino por la elegancia de los obsequios. Noté que por un instante se entusiasmaba imaginándose tan engalanada; instintivamente se llevó la mano a la delicada garganta que (según me habÃa dicho la señorita Pole) fue uno de sus encantos juveniles; pero la mano rozó los pliegues de suave muselina en la que siempre se envolvÃa hasta la barbilla y al recordarle el contacto lo impropio de un collar de perlas a su edad, dijo:
—Me temo que soy demasiado vieja, pero agradezco tu amabilidad. Es exactamente lo que habrÃa deseado hace años, cuando era joven.
—Esa fue mi intención, querida Matty. Recordaba tus gustos, tan semejantes a los de mi querida madre.