Cranford
Cranford —¿Es…? No, no lo es —balbuceó la señorita Jessie sin terminar la frase.
—Esta es su tarjeta —dijo la señorita tendiéndosela; mientras la señorita Jessie inclinaba la cabeza para leerla, la señorita Jenkyns inició una serie de guiños y muecas, a la vez que con los labios formaba una larga frase de la que, como es natural, no comprendà una palabra.
—¿Puede subir? —preguntó finalmente la señorita Jenkyns.
—SÃ, claro. Por supuesto —respondió la señorita Jessie, como queriendo decir: «Esta es su casa y puede dejar entrar a los visitantes que le plazcan». Cogió la labor de punto de la señorita Matty y se entregó a ella con ardor, aunque me di cuenta de que temblaba de pies a cabeza.