Cranford
Cranford En aquel preciso instante, la señorita Matty, que habÃa estado ausente toda la mañana y acababa de regresar, irrumpió con cara de consternación y visiblemente escandalizada.
—¡Válgame Dios! —exclamó—. Deborah, en la sala hay un caballero sentado con el brazo alrededor de la cintura de la señorita Jessie.
Los ojos de la señorita Matty reflejaban su espanto.
La señorita Jenkyns la puso en su sitio al instante.
—Es el lugar más adecuado del mundo para que ponga el brazo. Ve a ocuparte de tus cosas, Matilda.
Esto, dicho por su hermana, que siempre habÃa sido un dechado de decoro femenino, fue un duro golpe para la infeliz señorita Matty, que abandonó el comedor doblemente escandalizada.